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Lo extraordinario del Río de la Plata



El puerto de Montevideo en 1859 Litografía de Ludwig Wiegeland (Litografía Alemana, Montevideo)
 
Una característica común a los lugares utópicos es la dificultad de acceso y los riesgos que entraña su entrada en ellos. El Río de la Plata se vistió de una fama sostenida de lugar peligroso, el "infierno de los navegantes", el "mer d'enfer", o el "infierno" mismo. Quien lograra sortear el incierto itinerario de su navegación entre riesgos ocultos y se salvara de las acechanzas del viento sudoeste, el pampero, ese vendaval repentino y extraordinario que podía descargar, de un momento a otro, todo su poder destructor, sería testigo de unas tierras donde la abundancia, la riqueza y la fertilidad podrían hacer felices no solo a sus habitantes, sino también a los del otro hemisferio. Como decía Leopoldo Zea, "América no era otra cosa que el ideal de Europa. En el Nuevo Mundo sólo quería ver lo que había deseado que fuera Europa'' y refrendaba Octavio Paz, "No se puede entender América si se olvida que somos un capítulo de las utopías europeas"; todos los elementos se conjugan en el sentido de remarcar "lo extraordinario de este Nuevo Mundo". El Río de la Plata cumplió cabalmente con ese designio.
 
Montevideo desde el Río de la Plata, 1842. W. Whittle

EL PAMPERO Y LOS PELIGROS DEL RÍO DE LA PLATA 

 
CATTANEO, Cayetano  1729

“… la profundidad no corresponde a la desmesurada anchura, porque tiene muchos bancos de arena muy peligrosos, cubiertos con solo tres o cuatro brazas de agua; uno de los cuales es grandísimo y se llama Banco Inglés […] En solo doce años van encallados allí ocho bajeles portugueses […] nuestro piloto […] cuando se trataba del Río de la Plata, lo llamaba infierno por haberse encontrado en otro viaje que por aquí hizo, en peligro de perderse por una tempestad, que verdaderamente son más peligrosas  …" (Misionero jesuita italiano)

- PARRAS, Fray Pedro José de 1749

“… En este paraje experimentamos algunos vientos contrarios, que se reconocía ser ya los de tierra, que regularmente llaman pamperos, por venir de aquellas inmensas llanuras de la provincia del Río de la Plata, que llaman pampas, que en lengua general del Perú quiere decir campos grandes ...”

“… se navega con poca vela, por el peligro que hay de dar en algún banco de arena, ya porque éstos se mandan con la corriente de agua, y ya también porque con cualquiera viento recio, es fácil algún desvío de la canal, por cuya causa cualquiera tormenta es en este río muy peligrosa…” (Misionero franciscano español)

- PAUCKE (o BAUCKE), Florián 1749

"… tuvimos que esperar los mayores peligros en la entrada del Silberfluss [Río de la Plata] donde se observan varios grandes largos y anchos bancos de arena que casi imperceptibles están muy poco debajo del agua. Uno es llamado Banco Inglés, el otro se llama Banco Ortiz en el cual se han perdido muchos barcos …"

 "… A la tarde comenzó a jugar con nosotros un ventarrón violento que [es] un viento sudoeste y es llamado pampero por los españoles […] ¿Quién creería que en este río habría más peligro que en alta mar? …" (Misionero jesuita austríaco)

- PERNETTY, Antoine Joseph 1763

 “… El 24, al tiempo que aparecíamos por Montevideo, se levantó un temporal de los más violentos […] Pero nuestro Capitán, que conocía mejor el peligro y las filtraciones, se ocupó durante ese tiempo en ponernos a resguardo […] hubimos de luchar toda la noche contra la impetuosidad de este viento y los rugidos de una mar extremadamente irritada, que amenazaba a cada soplido con hundirnos.

  En el país llaman a este viento Pampero, porque viene de las planicies de las Pampas, más allá de Buenos Aires …” (Sacerdote benedictino francés)

- BOUGAINVILLE, Louis Antoine de  1767

“… El fondeadero de Montevideo es seguro, aunque se sufran algunas veces pamperos, que son borrascas de viento del Suroeste, acompañadas de tormentas horrorosas. Hay poco fondo en toda la bahía; se fondea con tres, cuatro o cinco brazas de agua en un fango muy blando, donde los mayores navios mercantes encallan, sin sufrir ninguna avería; pero los barcos finos se arquean fácilmente y sufren. La hora de las mareas no tiene regla: según el viento que haga, el agua está alta o baja. Se debe desconfiar de una cadena de rocas que se extiende desde algunos cables a la altura de la punta del Este de esta bahía; la mar rompe allí y las gentes del país la llaman la Punta de las Carretas …” (Marino militar y matemático francés)

- ALVEAR, Diego de 1782

“… Sobre ella se solía colocar una Valiza, que la violencia de los Pamperos, a que se halla muy descubierta la rada, no deja subsistir, mas que por eso no es menos necesaria. […] En verano son frecuentes y peligrosas las turbonadas o tormentas de rayos y truenos, aunque duran poco; y se ha experimentado, que van a menos, desde que va a más la población. En invierno son terribles los tiempos de SO al sud y aun SSE ya por la furia de estos vientos que llaman pamperos, y la gruesa mar de travesía que levantan, ya por la tenacidad con que se entablan, durando a veces muchos días sin amainar o ceder. […] entrar y salir en el Río de la Plata con alguna más seguridad que hasta aquí: exponiendo todas aquellas precauciones: que una fatal y reiterada experiencia ha hecho considerar de mayor importancia y que nosotros hemos verificado por nuestras propias observaciones, frecuentes viajes, y noticias de los mejores prácticos, desde el año 1774, que es nuestra residencia en el País …” (Marino militar y político español)

- HELMS, Anton 1788

“… El viento del Oeste se llama Pampero, porque atraviesa una llanura de 300 leguas, denominada las Pampas, habitada por hordas de indios errantes conocidos en el país por el nombre de Pampas […] El Pampero no encuentra obstáculo alguno, ni nada que detenga su impetuosidad, gana incluso más fuerza, hasta que, llegado al canal de la ribera del Plata, sopla con tal violencia que los navíos no lo pueden resistir si no tiran el ancla, y si no unen los cables con cadenas de hierro. La llegada de estos vientos está anunciada por grandes truenos y por frecuentes relámpagos …” (Geominero alemán)

- MALASPINA, Alessandro 1789

 "… Las tierras del norte del Cabo de Santa María deben verse con tiempos claros a 10 o 12 leguas y por fondo de 15 brazas. Merece entre ellas particularmente cuidado la ensenada de Castillos, en donde han solido los correos echar oportunamente los pliegos a tierra con un bote, cuando el Pampero no les ha permitido alcanzar el puerto de Maldonado …"

 "… debimos mirar como un acaso bien feliz el haber preferido la derrota del sur a la que solía comúnmente practicarse por el norte del banco Inglés. La inconstancia y la contrariedad del viento nos hubieran precisado a dar fondo hacia la Isla Flores; con el sur fresco, probablemente hubiéramos garreado sobre la costa. Las anclas, cuando no los mismos buques, hubieran sido un nuevo tributo a las inmediaciones harto temibles del Río de la Plata …"

"… Después de una noche tempestuosa, los relámpagos y la cerrazón indicaban la proximidad del viento pampero o sudoeste. Pudimos a pesar de esto ver disipadas por la tarde aquellas apariencias y desde el día siguiente dirigirnos con tiempo claro a la entrada del Río de la Plata…" (Marino y explorador italiano al servicio de España)

- ESPINOSA Y TELLO, José  (PINEDA, Antonio de) 1789

“… Con mucha prudencia y muy buen éxito, las fragatas correos de S. M. que han sido sobrecogidas de los pamperos en esta travesía , han preferido dar fondo á salir de la costa …” (Marino, cartógrafo, hidrógrafo y astrónomo español) (Militar y naturalista español)

- DAVIE, John Constanse  c.1800

“… Hoy tuvimos un tremendo vendaval, al que le hubiera gustado probar ser fatal para dos de los buques en el puerto que no tuvieron tiempo suficiente para protegerse del modo necesario para su seguridad: en este río indomable, sin embargo, con la ayuda de nuestra tripulación, fueron, aunque con gran dificultad, apropiadamente asegurados. Me han informado que este viento es a menudo destructivo para los barcos situados en el puerto de Buenos Aires; sopla desde el oeste y es llamado el pampero, en parte por su violencia, y en parte por su cruce de las llanuras de las Pampas, que se ubican al sud oeste del Paraguay y se extienden desde allí hasta Chile, en una casi ininterrumpida llanura de pastos ondulantes, por cerca de novecientas millas …” (Presunto caballero inglés, de dudosa existencia)

- MAWE, John 1805 

“… Nuestro pasaje fue impedido por un fuerte vendaval del sud oeste, llamado en estas parte como Pampero, que sopló varios días, y nos obligó a quedarnos en el barco todo el tiempo; recibimos tanta agua que nuestros botes estuvieron en todo momento en peligro de ser barridos y, debido al estúpido descuido de un marinero genovés, nuestra cabina quedó de una vez medio llena de agua. El vendaval a la larga cedió; surgió una brisa hacia el este, y nos fue posible navegar …” (Minerólogo inglés)

- CRAUFURD, Robert 1806

“… a la mañana siguiente sopló tan fuerte el viento del SO, que era innecesario levantar el ancla, puesto que muy pocos buques escaparon al arrastre y perdiendo muchos las anclas, fueron obligados a salir al mar …” (Oficial escocés, partícipe de las Invasiones Inglesas) 

- GILLESPIE, Alexander 1806

“… Una tormenta de truenos siempre precede su llegada, y es rápidamente sucedida por un tremendo Sudoeste,  el cual, no teniendo nada que quiebre su violencia a lo largo de las desprotegidas llanuras de las Pampas, descienden hacia el río con fuerza irresistible …” (Oficial británico de la Royal Navy, partícipe de las Invasiones Inglesas)

- WALTERS, Samuel 1806

Detienen algunos buques portugueses y el 7 de julio sufren un violento temporal del NE, que salta al SW, sobreviniendo un pampero (Pampyra, como lo llama nuestro cronista en su español mal aprendido) que rompe el mejor de sus cables, que se pierde en su casi totalidad. (De una nota biográfica sobre este militar inglés que participó de las Invasiones Inglesas). (Oficial británico de la Royal Navy, partícipe de las Invasiones Inglesas) 

- WILCOCKE, Samuel Hull 1807

“… Una navegación peligrosa, no solo por  sus bancos de arena y aguas poco profundas, sino asimismo por los impetuosos torrentes de viento que barren, por intervalos,  las vastas llanuras de las Pampas, al sudoeste de Buenos Aires, a los que llaman Pamperos, y descienden por esta amplia abertura  con furia inigualable. Se ha observado, sin embargo, que una incipiente tormenta de truenos generalmente precede a los embates de los Pamperos, y da suficiente aviso a los marineros a prepararse para la tempestad que se aproxima. El único puerto adaptado para una complete seguridad de los barcos de gran y mediana carga, es el de Montevideo …” (Periodista y escritor inglés)

- MELLET, Jullien 1808

 “… La monotonía de nuestro viaje no fue interrumpida hasta la costa que se encuentra a la entrada del Río de la Plata. Llegados cerca de esa costa, y al tiempo que distinguíamos las aves conocidas […] fuimos arrojados por la violencia de los vientos pamperos a más de 200 leguas mar adentro. La impetuosidad de estos vientos tan conocidos a los navegantes, nos hizo presagiar horribles desgracias, que nos confirmaban los terribles rugidos del mar agitado, que creímos llegar al fin de nuestra existencia por un naufragio.  Este viento tan temible que ha causado la pérdida de muchas embarcaciones, vienen de las Pampas, llanuras más allá de Buenos Aires, que se extienden hasta la Cordillera sobre una superficie de 36o leguas por lo menos, sin que encuentre ni bahía ni altura que pueda interrumpir o quebrantar su furor …”  (Comerciante francés)

- SASSENAY, Claude Henri Marqués de 1808

 “… El buque tuvo la desgracia de caer, al arribo a los parajes del Río de la Plata, en un pavoroso pampero. Se llama así a los vientos terribles que , luego de haber barrido la pampa, donde nada hace de obstáculo, se desencadena, con una extrema violencia, sobre el Atlántico. El Consolateur fue empujado a 600 millas mar adentro.  Cuando cesó la tempestad, pudo acercarse a la costa e intentar llegar a Montevideo …” (Militar, político, diplomático y noble francés)

- VIDAL, Emeric Essex  1816

 “… La blancura de los edificios públicos es preservada y aumentada por la frecuencia del viento llamado pampero, el cual es visto como un excelente blanqueador …”  Mención curiosa (Marino y pintor inglés)

- BRACKENRIDGE, Henry Marie 1817

 “… La entrada del río era antiguamente considerada extremadamente peligrosa y difícil, pero desde que es frecuentado por los ingleses, se ha vuelto mucho mejor conocido, y los peligros han disminuido, en consecuencia tanto como el conjunto de la situación y la pericia náutica pueden disminuirlos. Pero aún hay serios peligros a encontrarse, los que están más allá del poder humano de evitarlos. El principal quizás sea el viento sudoeste, que sopla en los meses de invierno, Mayo, Junio, Julio, y Agosto, con terrible violencia, en tanto que los puertos en sus costas aseguran una muy imperfecta seguridad.  Sobre el lado norte, la costa es rocosa y peligrosa; en el sur es plana, y el agua extremadamente  baja; el canal está, por lo tanto, en el lado norte, entre lo que es llamado el Banco Inglés y la Isla de Flores, de unas diez millas de ancho; los barcos más grandes pueden pasar con pequeño peligro salvo que el viento sea muy violento.  Entre Montevideo y Buenos Aires la navegación es aún más difícil dado que lo que es llamado el Banco de Ortiz hace que el canal sea más estrecho e intrincado.  Esos bancos consisten en arena dura y es casi tan peligroso para los buques golpear sobre uno de ellos como sobre una roca; pero el canal es generalmente de barro blando, en el cual un buque puede hundirse varias pulgadas sin experimentar ningún daño …” (Naturalista, escritor, juez y político estadounidense)

- AYRES DE CAZAL, Manoel 1817

 “… Los pamperos , que son tormentas. furiosas del Sudoeste , causan a veces grandes perjuicios. La marea depende aquí mucho del viento…”  (Sacerdote, geógrafo e historiador portugués)

- VOLLMER, Carl Gottfried Willhelm 1817

 “… pero el mal mayor son los llamados Pamperos, tempestad que desde las praderas de los alrededores de Buenos Aires, vienen desde las Pampas, de lo cual obtienen su nombre …” (Físico y químico alemán)

- CALDCLEUGH, Alexander 1819 

“… Maldonado ofrece un Puerto tolerable, estando protegido, por la pequeña isla de Goriti [sic] de los violentos huracanes conocidos en este país por el nombre de Pamperos, porque barren esas inmensas llanuras llamadas las Pampas. […] Fuertes indicios hacen muy evidente que esas tormentas se aproximan. El cielo se puso oscuro y encapotado  por el lado sudoeste; y el Capitán Stanhope, con su habitual prudencia, no perdió tiempo en soltar el ancla, y ajustar todo para la noche. Esta operación estaba apenas concluida, cuando a las siete menos cuarto el viento cambió repentinamente del NE al SO, y estalló un huracán perfecto. Me fue imposible mantener la cabeza por encima de los demás. La lluvia caía torrencialmente, con relámpagos permanentes y pocos truenos; y en veinte minutos el huracán se agotó y se puso calmo. […] Supe después que nunca se había experimentado un Pampero más violento. En Buenos Aires comenzó a las cinco y media y nos alcanzó en la Isla de Flores, a 125 millas de distancia, a las siete menos cuarto […]  Esta declaración dará alguna idea de la inmensa velocidad a la que se desplazó, y de los daños que tal tormenta puede ocasionar. Estos huracanes son más frecuentes en los meses de verano, de noviembre hasta abril, y son ocasionados por la gran acumulación de aire frío, formada en las regions altas de los Andes, descendiendo sobre las cálidas planicies en las que nada se opone a su avance …” (Comerciante, minero, minerólogo y botánico inglés)

- ARAGO, Jacques 1820

 “… ¡Qué noche! ¡Buen Dios! El tiempo estaba oscuro, frío; las nubes grises pasaban sobre nuestras cabezas con la rapidez de una flecha; de repente el viento desciende, ruge, amenaza, truena, estalla, y el terrible pampero vomita sobre nosotros su rabia y su furor; el silbido de las jarcias, el balanceo de las olas se confundían e hicieron un caos impenetrable del mundo en que éramos torturados. Todas las anclas se estiraban por las ráfagas tan violentas; los mástiles gritan, el mar no es más que un lago de fuego, tanta su fosforescencia milagrosa; nos arremolinamos en un infierno, y mientras que los relámpagos rasgaban los flancos que iluminaban, las olas palidecen, y el infierno está en el cielo.

El pampero pasa; la tormenta eléctrica cayó tres veces alrededor de la nave sin alcanzarla, y ese mismo día, arribamos a Monte-Video …” (Explorador, dibujante y escritor francés)

- PINON (de FREYCINET), Rose Marie 1820

 “… 7 de mayo. — Finalmente estamos en la ribera, pero la brisa, es tan débil que casi no avanzamos. En el ocaso, el cielo estaba en llamas por los relámpagos en diferentes direcciones. Hacia las ocho estalló una tormenta espantosa, primero de truenos, después un viento violento arrachado. Estaba aterrada considerando que no estábamos muy lejos de tierra y en medio de bancos de arena. Se recogieron las velas y el tiempo se calmó al cabo de algunas horas …” (Aristócrata francesa)

- FREYCINET, Louis de 1820

 “… Según la información que debo a la amabilidad del señor capitán Hervaud, la primavera comprende aquí los meses de octubre, noviembre y diciembre. Es entonces sobre todo que la atmósfera se carga de neblinas y que se está expuesto a las ráfagas de los vientos pamperos, que, soplando entre el Sur y el Oeste, son comparables, por su violencia, a nuestro mistral de Provenza; A menudo estas borrascas resultan funestas para las pequeñas naves que navegan muy confiadamente. […] El otoño comienza en el equinoccio de marzo […] También entonces la navegación de la costa es menos peligrosa, y los terribles pamperos mismos son menos de temer.

El invierno comprende los meses de julio, agosto y setiembre, la época en que los pamperos son más frecuentes, y en que los fríos que ellos traen son más intensos. Pero en estas costas son tales las variaciones de temperatura, que hemos visto en ocasiones sufrir el frío y el calor en el mismo día …” (Marino, naturalista, geólogo, geógrafo y botánico francés)

- PARISH, Woodbine 1825 – 1831

 “… Casi no habíamos echado el ancla cuando fuimos telegrafiados por Sir Murray Maxwell,  que estaba situado frente al Cerro al mando del H.M.S. 44 Briton, para que tomáramos precauciones rápido frente a una tormenta que se acercaba, de la cual, según la experiencia le había enseñado, el barómetro le advertía a tiempo. Nubes oscuras llegaron volando rápido antes de un fuerte vendaval del sudoeste, el cual pronto aumentó a un huracán, acompañado por los más terroríficos truenos y relámpagos. Nuestra gran nave fue alejada antes de esto, y no fue traída hasta que toda su enorme cadena estuviera fuera y se volviera inmóvil en una masa de barro.

Eso fue un pampero. Por casi 24 horas rugió sin interrupciones; entonces el viento cambió y todo se volvió quieto y otra vez estábamos alegrados por la vista de un brillante cielo azul; pero el río, revuelto por la reciente tormenta, más propiamente podría haber sido llamado un mar amarillo, por la vasta extensión de aguas turbias …”

“… cuando los sufrimientos de los nativos están al máximo, el mercurio les dará la segura indicación de un pampero cercano, como llaman al viento sud oeste; en un instante, una susurrante brisa rompe la quietud de la atmósfera estancada, y en unos pocos segundos barre todo lo que se ponga delante; originado en las nieves de los Andes, la ráfaga desciende con total violencia sobre las pampas intermedias, y aquí donde alcanza Buenos Aires, se convierte en huracán …” (Comerciante, diplomático y viajero inglés)

- BEAUMONT, John Augustus Barber 1826 – 1827

 "… El S.O. (pampero) es el viento sano por excelencia de Buenos Aires; su elasticidad, su pureza, y su brío, hace que sea deseado en todas estaciones para rebatir la humedad que reina demasiadamente en las casas. Nacido en las cordilleras heladas, y atravesando una campiña seca, entona las fibras; congela los vapores y hace desaparecer la agua hidrométrica". Esto dice el señor Ignacio Núñez, secretario de Estado del señor Rivadavia en sus estadísticas de Buenos Aires sin comprender qué se entiende por el agua hidrométrica, como no se entienden otros términos científicos y razonamientos herméticos con que adorna su libro. Yo puedo confirmar el hecho de la elasticidad del pampero. En cuanto a su brío es proverbial porque derrumba las viviendas y destruye los barcos en el río; es más, parece que se pudiera llevar el mismo río, porque está bien registrado que algunos años atrás, durante un violento, largo, y continuado pampero, fue arrastrado tan lejos de la costa de Buenos Aires, que el pueblo de la ciudad miraba el lecho del río y no podía ver más que una vasta llanura de arena y barro hasta perderse de vista en el horizonte …” 

[CONTRADICE PERMANENTEMENTE EL PLANTEO DE IGNACIO NÚÑEZ, DE 1825] (Empresario británico en el área de la inmigración)

-- D’ORBIGNY, Alcide de 1826

 “… En estas regiones, los vientos, por cierto más o menos durables, varían del NE al NO. Acumulan, en dirección del sur, las partículas acuosas aportadas de las regiones más cálidas, el tiempo se carga más y más; el calor se hace más fuerte; la atmósfera más pesada. Cuando se aproxima un cambio de tiempo, se comprueba una calma perfecta, precursora de la tormenta. Los insectos, entonces, se elevan en el aire, donde pronto los envuelven los torbellinos impetuosos del viento del SO, que se llama pampero, porque sopla de las pampas, y que les impide volver a tierra, y los lleva lejos en el mar. Llega enseguida la lluvia, que los empuja a la superficie del agua donde se amontonan por bancos, hasta que los vientos del NE los llevan a las costas y los agrupa en masas, que  tienen a veces un pie de altura, en las ensenadas arenosas de los alrededores de Montevideo y Maldonado. […] Por la noche, el pampero, del que ya hablé, se puso a soplar con fuerza, y la mar se volvió tan gruesa que el capitán hizo levar el ancla. Este viento dura tres días, durante los cuales fuimos cruelmente sacudidos. Pero, por fin, el 29, pudimos levar anclas, y proseguir nuestro viaje. Nos aproximamos a la costa, pasamos suficientemente cerca de la Isla de Flores; y a las diez de la noche, estábamos mojados fuera de la rada de Montevideo …” (Naturalista, malacólogo, paleontólogo francés)

- CONDER, Josiah 1830

[CITA A MAWE, 1805] “… El puerto, aunque poco profundo y bastante abierto a los pamperos, o vendavales del SO, es el mejor del Río de la Plata …” (Editor y escritor inglés)

- ISABELLE, Arsène 1830

 “… Se necesitan buenas cadenas de hierro y de naves forradas en cobre para permanecer con seguridad en la rada y el puerto de Montevideo; pero aún con esas precauciones,  es necesaria una gran vigilancia, porque cuando el pampero (viento del oeste y del sud oeste) comienza a soplar, no hay ningún abrigo contra él, y ni siquiera se puede salir tan rápido como se quisiera …”

“… pero hacia la mañana el piloto hizo recoger todas la velas, preparar los cables, y tener las anclas prontas para echar. Apenas esas disposiciones estén prontas, el Pampero (viento del SO) sopla de repente tan violentamente que el práctico quedó desconcertado; la nave crujió horriblemente, nos desviamos grandemente; el timón no obedecía más, o en cambio la fuerza del huracán impidió a la nave obedecer al timón; no había tiempo que perder; un ancla se soltó y no sostuvo más; una segunda, con una gruesa cadena obtuvo mejor resultado: la nave se mantuvo fija, la nariz o el espolón al viento, que soplaba desafiante. No puede figurarse con qué furia, qué impetuosidad súbita surgió sopló, se arremolinó y se desencadenó el Pampero: Austro y Céfiro (dioses griegos de los vientos sur y oeste)  combinan sus esfuerzos en el antiguo imperio de Eolo, todos los otros retazos del soberano de Lípari, (Eolo, gobernante de las islas eolias) dejando escapar a la vez los treinta y dos aires de viento, son apenas capaces de dar una idea del Pampero: es a la vez el huracán de las Antillas y los remolinos del gran desierto del Sahara. Felizmente, el Pampero  no se hace sentir siempre con toda su violencia, semejante al Vesubio, deja a los habitantes de las costas del Plata el tiempo para reparar los daños que ha causado; pero cuando su seguridad, igual que los habitantes de la campaña de Nápoles, parece que ya no es temible, o al menos se olvida el flagelo devastador, es entonces que aparece más furioso que nunca; los habitantes de Buenos-Ayres y de Montevideo conservan el recuerdo de huracanes terribles. Nuca fui testigo de un huracán-Pampero, aunque el viento del SO sopló a menudo durante mi estadía en Buenos-Ayres, pero lo que observé fue suficiente para hacerme apreciar sus efectos devastadores …”

“… El viento del SO, conocido por el nombre de pampero, se tienen por muy violentos, es prudente no entrar en el río y hacer lo mismo al salir si no se ha podido ganar el fondeadero de Maldonado o de Montevideo …” (Naturalista, explorador, viajero, comerciante y diplomático francés)- -

- CAMPBELL SCARLETT, Peter 1834

 “… nos acercamos a Monte Video, la capital, al día siguiente a eso de las dos, justo a tiempo para escapar del duro vendaval del SO, Este viento se llama pampero, en mención de su sopladura sobre las Pampas, donde adquiere la repentinidad y la violencia de un huracán. Muchos navíos se han perdido cada año por este viento; y en razón de la frecuente movilidad de los bancos de arena, la navegación del Plata, desde su boca hasta Buenos Ayres, una distancia de alrededor de doscientas millas, es a menudo extremadamente azarosa. Me han dicho que es imposible para embarcaciones pequeñas a vela resistir la furia de esas explosiones, y que a veces están sin mástil o zozobrados aun en el puerto. Los españoles han acertadamente apodado al Río de la Plata como el infierno de los marineros …” (Diplomático británico)

- VAILLANT, Auguste-Nicolas / GIGAULT DE LA SALLE, Achilles Étienne 1836

        PRIMER PAMPERO

“… Aquí el espectáculo es imponente: las olas enormes se sucedían con rapidez, sacudiendo en todos los sentidos la corbeta. No podría decir en aquel momento de qué costado venía el impulso que empujaba las olas tormentosas. La Bonite al amparo del tormentín y el foque de la mesana, soportó con bravura los embates de la tempestad y obedientemente resignada a las profundas ondulaciones del mar, sin buscar luchar contra un poder invencible …”

        SEGUNDO PAMPERO

“… Pero, después de dos días de marcha penosa, la calma, precursora de una nueva tormenta, vino además a detener a nuestros viajeros. La tempestad no tarda en declararse; el cielo se cubre de nubes, los torrentes de lluvia oscurecen el horizonte, y a eso le sigue un nuevo pampero, no menos violento que el primero, pero felizmente de menor duración, se desencadena contra la corbeta, que lo soporta igual que la primera vez. Así pasó el 19 de abril; desde el día siguiente pudimos poner ruta para aproximarnos a la entrada del Plata …” (Marino francés / Escritor y funcionario diplomático francés)

- FAMIN, Cesar 1840

 “… El 21 de enero de 1793, día nefasto, mientras que la capital del país más civilizado de Europa era alterada por tempestades políticas (ejecución de Luis XVI), la tormenta eléctrica cayó 37 veces sobre Buenos Ayres y mató a 19 personas . En el mes de abril siguiente, el  pampero, ese formidable viento del oeste, que después de la Cordillera, atraviesa, sin obstáculo, 200 leguas de un solo país, hace crecer las aguas del Río de la Plata y los cazó a 10 millas de distancia! Durante tres días el lecho de la ribera se había secado, y se pudieron ver al descubierto los navíos ocultos después de un cuarto de siglo …” (Escritor y diplomático francés)

- WHITTLE, W. 1842

“… el viento había virado completamente y estábamos obligados a quedarnos en el mar; y por cerca de una semana estuvimos dando vueltas, mientras soplaba un  regular “Pampero" justo río abajo. Este viene repentinamente y sopla con intensa violencia por varios días. En el puerto de Buenos Ayres no es infrecuente para todos los barcos encallar, la fuerza del viento realmente fuerza al agua a retirarse de esta parte del río. En el Puerto de Monte Video, la nave de Guerra de vapor H. M. Gorgon fue empujada (al momento de estar a todo vapor) muy lejos a tierra, que tomó muchos meses excavar un canal para llevarla nuevamente al mar …”

“… El viento  pampero es, sin embargo, muy beneficiosos, si no por los vientos, acompañados siempre de fuertes lluvias, que limpian y purifican la atmósfera de exalaciones nocivas, que emanan de la inmensa cantidad de materia animal en descomposición expuesta a su influencia, y no puedo sino pensar en qué sería el país lejos de esa salubridad.  No es para nada agradable quedar atrapado en uno de esos pamperos cuando llegan. Me sucedió de estar […] en un lugar cerca de la costa, donde no hay nada más que dunas, cuando vino un tremendo pampero: en un momento, mis ropas, el cabello, mis oídos y mi nariz, se llenaron de arena; estaba casi cegado y casi sofocado, y fue con gran dificultad que hice mi camino hacia una estancia de las cercanías: en cuanto me hallé situado, forzosamente me recordó al terrible sirocco del desierto africano …” (Viajero inglés)

- KEY, Astley Cooper 1844

 “… En la mañana del 9 de mayo, comenzó una brisa desde el SO, progresivamente refrescando durante el día; a mediodía, el barómetro indicaba 29.7 por pulgada, pero antes había caído a 29.5 por pulgada, indicando un vendaval aproximándose. Entre la medianoche y el amanecer del 10, el viento fue gradualmente refrescándose, el mar creció considerablemente, y las borrascas se hicieron más frecuentes y de mayor violencia …”

Pese a tratarse de un vapor, nada pudieron hacer para evitar que el viento y la marea y la baja del nivel del mar dejaran a este buque de guerra encallado. (Marino inglés, Oficial de la Royal Navy)

- POUCEL, Benjamin 1845

 “… de pie sobre una viga, con el agua hasta mi pierna y adormecida por el frío (el Pampero, viento del SO, es muy frío y soplaba entonces con fuerza), teníamos que temer que luego de veinticinco horas de tal baño de pies, y sin comer, no estábamos más en condiciones de nadar, al momento en que pudiera tirarnos al agua …” (Explorador y estanciero ovejero francés)

- OUSELEY,  William Gore 1845

 “… Este boceto fue tomado mientras venía un chubasco, probable precursor de un "Pampero" o vendaval que sopla sobre las llanuras de las Pampas que se extienden hasta el pie de los Andes. Estas tormentas llegan súbitamente, y no es tan infrecuente que mientras una parte del paisaje aún está tomando sol en calma, el resto está envuelto en un oscuro velo casi ocultando la luz del día, mientras negras nubes son impetuosamente barridas hacia adelante por el vendaval que avanza, descargando en su curso torrentes de lluvia, hasta que en corto tiempo todo el horizonte es invadido por el Pampero. Las naves en el río y a lo largo de la costa por supuesto sufren severamente a menudo esos vendavales, que duran por lo general unos tres días.

Aún experimentados pilotos y marinos tienen una breve advertencia de su aproximación; en ciertas temporadas del año es necesaria una vigilancia particularmente grande para protegerse de su súbita violencia …” (Diplomático, escritor y pintor inglés)

- ROY, Just-Jean-Étienne / B***, Armand de  1845

“… es el Puerto de Montevideo, que sería perfectamente seguro si no ofreciera por su apertura una entrada libre al pampero, el único viento del cual no está al abrigo …” (Escritor y diplomático francés)

- MAC CANN, William 1847

“… un huracán de polvo. Inmediatamente son aseguradas las puertas y ventanas, y el viajero se apura hacia un refugio. “Una oscuridad que puede sentirse” pronto cubre la tierra como con un palio, relámpagos intensos y vívidos hacen visible esa oscuridad; mientras gruesas gotas de lluvia, precursoras de la tempestad, aumentan hasta que caen en corrientes continuas: un diluvio de lluvia cae torrencialmente. Los truenos son horribles, continuos y reverberantes sin interrupción; y resplandor de relámpagos casi incesantemente. Para un espectador infrecuente, la escena es terrorífica y sublime en extremo. La tormenta dura quizás una hora o dos, cuando los elementos parecen haber agotado su fuerza. Nuevamente se abren las puertas y las ventanas y el frío y vigorizante pampero, o fresca brisa de las Pampas , tan ansiosamente esperado, entra por cada abertura, purificando las construcciones de su aire caliente y sofocante; y el sol ahora sonriente por sobre la escena, la naturaleza marece regocijarse en su renovado vigor. El pampero entonces continua su curso hacia el norte, conduciendo delante de sí densas masas de nubes, y renovando los materiales para nuevas explosions eléctricas …” (Comerciante inglés)

- MARMIER, Xavier 1848

 “… Es por este magnífico río que navegamos hacia Buenos-Aires, y francamente es una muy triste navegación. Por todos lados el agua ha perdido de vista como en pleno mar, pero es un agua amarilla y fangosa en la que el fondo varía a cada instante, en que el curso está interrumpido por bancos de arena que obligan al piloto a usar sin cesar la sonda. Además, se pueden probar en este río todas las vicisitudes de una navegación en el océano: calma plana, golpes de viento y pamperos mucho más peligrosos que en el Atlántico. No hay más de cuarenta y cinco leguas de Montevideo a Buenos-Aires. En este corto trayecto tuvimos que tirar el ancla cuatro veces, someterse a todas las fatigas de recoger y lanzar y emplear cinco días para una travesía que parece debiera hacerse en algunas horas …” (Viajero, escritor y académico francés)

- ELWES, Robert 1848

 “… El anclaje es bueno, el fondo sustenta gradualmente por millas; pero los barcos están expuestos a esos tremendous vendavales llamados Pamperos. Fue uno de esos el que llevó a la costa al vapor H. M. Gorgon, a pesar de tener el vapor al máximo y todas las anclas echadas, dejándolo sobre la playa arenosa alta y seca.  Su Capitán, experto (que ahora comanda el Kestrel) y los oficiales, habiendo trabajado perseverantemente del modo más extraordinario, finalmente tuvieron éxito en ponerlo a flote de nuevo. Se suponía que era un caso tan sin remedio, que los oficiales franceses y españoles decían que era inútil intentarlo; pero cuando vieron de nuevo el barco en su elemento, felicitaron a nuestro valiente compatriota diciendo que ninguno sino un obstinado, testarudo inglés podría haber logrado tal cosa …” (Viajero y pintor inglés)

- STRAIN, Isaac 1849

 “… El verano no termina antes de que la escena experimente otro rápido cambio.  Los cardos pierden repentinamente su savia y su verdor, sus cabezas caen, las hojas se arrugan y se decoloran, los tallos se ponen negros y mueren, y permanecen sacudiéndose unos contra otros con la brisa hasta que la violencia del Pampero o huracán, los tira al suelo, donde rápidamente se descomponen y desaparecen, los tréboles se extienden y la escena reverdece […] El Pampero, como lo indica su nombre, es el viento característico y sopla violentamente a través de las llanuras desde los Andes. Su saludable influencia es visiblemente contrapuesta a sus perjudiciales efectos sobre el comercio, ya que la república [Argentina] no posee buenos puertos …” (Explorador y marino estadounidense, Oficial de la US Navy)

- STEWART, Charles Samuel 1850

 “… Repentinamente ocurrieron cambios con cada indicación de mal tiempo. El mercurio en el barómetro descendió; y durante la noche hubo intense lluvia, con una Buena cantidad de truenos y relámpagos, mientras meteoros, llamados por los marineros, compensación de la corrupción del corpo santo o cuerpo sagrado, volaban sobre el patio de armas y las cabezas de los mástiles del barco. Todo esto fue precursor de un tiempo más parecido a un vendaval que cualquier cosa que hubiéramos experimentado desde haber dejado Norfolk:  en efecto, un regular pampero, una tormenta de viento, así llamada por las Pampas o ilimitadas planicies entre el Río de la Plata y la Patagonia, sobre las cuales los fríos vientos del sur y del sudoeste, que barren desde la región polar, correspondientes en fuerza y temperatura a nuestros más fieros vientos del noroeste. La tormenta no continuó por mucho tiempo más …” (Pastor estadounidense)

- MULHALL, Michael George y Edward Thomas 1850

 “… A veces se encuentran Fuertes pamperos fuera de las bocas del Río de la Plata, donde numerosos bancos de arena hacían tan dificultosa la navegación en los viejos tiempos de los veleros, que los marinos le llamaban Boca de Infierno. (en español en el original)…” (Periodista, publicista, economista y estadístico irlandés / Ganadero irlandés)

- SKOGMAN, Carl 1851

“… El 2 de febrero de 1852 el calor era agobiante, y las nubes que se juntaban en el suroeste, traían un pampero …” (Militar y político sueco)

- MANSFIELD, Charles Blachford 1852

“… Esta tarde fue muy agradable, con un magnífico aire fresco de las Pampas, y cielo despejado; siempre hay buen tiempo cuando sopla el viento del sudoeste de las Pampas, aunque a veces el mismo viento viene barriendo las planicies como un huracán, que llaman Pampero: pero el aire siempre es claro …” (Químico y escritor inglés)

- PAGE, Thomas Jefferson 1853

 “… tan aprovisionados como fuera posible; y con la esperanza de deslizarnos en La Plata (así en el original) durante el intervalo entre esos predominantes vendavales llamados pamperos que soplan a veces con gran violencia […] Esos vientos, provenientes de los Andes, barren las pampas sin obstáculos y rompen en las costas con la fuerza terrorífica de los huracanes […] El puerto, aunque no muy espacioso, está protegido de los vientos del sudoeste, el trimestre en que vienen los “pamperos" …” (Marino y diplomático estadounidense, oficial de la US Navy)

- MANTEGAZZA, Paolo 1854

“… En cuántos modos diversos no debió plegarse y modelarse la común naturaleza española en los húmedos y cálidos bosques del Paraguay  y entre los altiplanos del Perú solo irrigados por el agua del cielo; entre los llanos de Venezuela y la brisa embriagante de Valparaíso; entre los mortíferos pantanos del Ecuador y el baño espartano de los pamperos de Buenos Ayres? …”

“… Buenos Ayres tiene entonces aire y agua purísimos y alimentos nitrogenados tan copiosamente como para dejarlos en prenda a los perros y a la putrefacción, tanta que bastaría para alimentar a los pobres de Irlanda. Hasta 1858 (epidemia de fiebre amarilla) ninguna epidemia había desolado este afortunado país, que se jactaba de tener en su viento pampero (sud-oeste) un valioso soplo para aventar la mínima infección que hubiera intentado introducirse …” (Médico, neurólogo, fisiólogo y antropólogo italiano)

- SNOW, William Parker 1855

 “… Sabía que era necesario ser muy cuidadoso al entrar al Río de la Plata. Incluso me escribieron desde mi país para advertirme de la “peligrosa navegación del Plata” […] Pero, aparte de eso, podría decir, por mis gráficas y libros, que parece ser bien merecido el nombre dado por los españoles de "Mer d'Enfer." (así en el original), Mar del Infierno

Lleno de bancos, bajíos y arenas en movimiento; con la costa tan baja en el sur que no podría distinguirse, en algunos mapas, de las aguas pantanosas, excepto cuando, aquí y allá, algún arbusto, como una curiosa verruga, se muestra ante el horizonte; con sondeos poco profundos aún a cincuenta millas de tierra; y con rápidas mareas, y ocasionalmente el huracán "pampero",  no era necesaria la advertencia de otros para recordar lo que yo tenía en cuenta …” (Explorador, marino y escritor inglés)

- BURMEISTER, Carl Hermann Konrad 1857

 "... El pampero, que ruge con frecuencia en estas llanuras, ofrece un espectáculo aún más impresionante. Se percibe a lo lejos en el horizonte subir una nube negra grisácea o gris azulada, que lleva a veces un tinte azul índigo que sube visiblemente. Pronto estas nubes se inflaman, y grandes relámpagos las surcan de zigzags muy variados. A esta distancia no se oye todavía ningún trueno. Pero a  medida que la masa oscura se eleva más y más, los truenos resuenan bajo la forma de redobles distantes. Los torbellinos de polvo e un amarillo claro, cazados por el viento que los levanta, vienen a mezclarse con las nubes de un azul oscuro. Los animales dispersos por la llanura comienzan a ponerse atentos. Se les ve, inquietos, mirar la oscura nube, aguzar las orejas, reunirse en grupos y finalmente huir ante la tempestad aullante. No solamente los caballos, las reses y las ovejas, sino también los ciervos y los avestruces de partes aún inhabitadas, se precipitan en desorden para escapar a la tormenta. Creen poder salvarse pero se equivocan. La tormenta va más rápido que sus patas; ella los aventaja y pronto se encuentran en medio de la tempestad que se desencadena sobre ellos. Los animales se detienen entonces y comprenden su impotencia para luchar. Dan vuelta la espalda a la tormenta y la dejan pasar sobre ellos y se abandonan a su suerte ..."  (Naturalista prusiano)

- HUTCHINSON, Thomas Joseph 1861

 “… La navegación en este punto es difícil y peligrosa; y cuando la noche inspira, nuestro piloto nos conforta con la inteligencia que tan solo diez dás antes, tres naves se habían perdido durante un pampero. Pero un aire limpio nos acompaña ahora y así, luego de casi entrar en colisión una nave extranjera, pronto vimos la luz giratoria sobre el Cerro de Monte Video, y soltamos ancla en el Puerto poco después de medianoche …” 

“… generalmente sobreviene una brisa portadora de salud desde el sudoeste, soplando sobre las Pampas llamado pampero — que seca la tierra muy rápidamentew, infundiendo durante su duración una nueva vida a toda la naturaleza …” (Cirujano, explorador, escritor y político anglo – irlandés)

- HINCHLIFF, Thomas Woodbine 1861

 “… Fui despertado por el rugido de un Pampero, que se había puesto finalmente sobre nosotros en serio. El ruido era inconcebible y a pesar de que estábamos lejos río arriba, el barco fue maltratado más que en todo el camino desde Río. Se estremeció de proa a popa, y ninguno se apenó de que la tormenta se moderara poco antes del amanecer. El Pampero se corresponde en naturaleza con el bien conocido viento noreste de las Islas Británicas;  y si alguno puede imaginar el efecto de tal estallido sobre el marco humano luego de haber estado tres semanas en un baño de vapor, tendrá cierta noción de nuestros sentimientos en tal ocasión. Para completar nuestros males, cuando llegamos a los caminos aledaños a Buenos Ayres, fuimos puestos en cuarentena nuevamente por veinticuatro horas, durante todo lo cual el Pampero pasó zumbando nuestros huesos y muchos de los pasajeros sufrieron considerablemente. El mal puro es afortunadamente tan raro como el bien puro, mientras estábamos ‘secuestrados, encerrados y confinados’ por la crudeza del Pampero y la crueldad de los oficiales de salud, era una oportunidad capital para sacar el mapa y contemplar este poderoso río …” 

“… La ciudad está parcialmente oscurecida por las nubes de polvo que son sopladas mar adentro por el Pampero, y la tierra del otro lado del río está totalmente invisible …” (Explorador, alpinista y viajero inglés)

- ALMAGRO, Manuel 1862

“… El segundo día de nuestro viaje descargó por la noche una terrible tormenta de agua, vientos y rayos, cuya fuerza es imposible figurarse sin haberla visto: afortunadamente duran poco, y el Pampero, que es viento del S. O., tan fuerte, que a veces ha volcado buques grandes, pasa con bastante rapidez …” (Médico y antropólogo hispano – cubano)

- CRAWFORD, Robert 1863

“… Conforme nos aproximamos a la boca del Río de la Plata experimentamos un clima áspero y tormentoso, que no es infrecuente en la costa sudamericana. Un pampero (como se llama aquí a un vendaval del sudoeste, de acuerdo a su dirección a través de las “pampas”) es el terror de los marineros en esos mares …”  (Ingeniero irlandés)

- GIGLIOLI, Enrico Hyllier 1865

“… El 29 hubo de someterse a un verdadero pampero; el tiempo estaba sombrío, con vientos del segundo o tercer cuadrante; a las 5 a. m. el barómetro descendió a 29.91 y llovía torrencialmente; sorpresivamente estalló el pampero de lebeche (sudoeste) (llamado libeccio por los italianos): la rada se puso blanca de espuma, varios navíos araron el agua, entre los cuales estaban la Magenta y el Ercole, que además embistió a la Veloce; las averías fueron, sin embargo, de poca entidad, ya que todas las precauciones posibles habían sido tomadas. El día anterior habíamos tenido todos los síntomas que suelen preceder a aquella tormenta: innumerables mariposas y moscas habían venido a bordo y la atmósfera estaba cargada de telarañas y centenares de aquellos animales de pequeña dimensión cubrieron las maniobras. El pampero afortunadamente duró muy poco y luego del almuerzo la calma se había restablecido completamente …” (Zoólogo y antropólogo italiano)

- CUNNINGHAM, Robert Oliver 1866

“… Hacia las 7 a.m., el día 20, era (viento) oeste y continuamente incrementándose en fuerza, acompañado por una caída en el barómetro. Pronto quedó claro que estábamos cerca de un Pampero por el cual el Plata y su vecindad ha sido tanto tiempo célebre, y que debe su nombre a la circunstancia de que sopla desde las Pampas, o llanuras …”

“… El día siguiente fue principalmente distinguido por una aventura bastante desagradable. Algunos de nosotros habíamos pasado la tarde en la costa y fuimos atrapados por un pampero en nuestro camino de regreso al barco, y alcanzarlo nos fue muy difícil, empapados hasta la piel. Uno de los grandes inconvenientes de Monte Video es, por cierto, la prevalencia de esos vendavales; y, como el Capitán Mayne destaca en su Diario, una de sus peores características es que no hay un muelle seguro en el Puerto cuando se produce ese viento …”

“… La tarde de aquel día fue maravillosa, pero la mañana siguiente estaba soplando duro, y para la tarde se había declarado un regular pampero contra el cual luchamos penosamente ...”

“… Habiéndonos provisto por segunda vez de carbón y provisiones, intentamos dejar Monte Video el día 19 pero fuimos prevenidos de la venida de un furioso pampero, en cuyo curso la caída de grandes cardos que cubren las llanuras fue soplada hacia la bahía de tal modo que parecía la exacta reproducción de una tormenta de nieve …” (Naturalista escocés)

- DILLON, L. 1866

“… Martes, agosto 14: Los últimos dos días estuvieron húmedos y tormentosos, pero el tiempo hoy golpea como nunca ví. La lluvia se desploma, el país está inundado, el viento sopla bulliciosamente desde el sudoeste: un fuerte pampero  se desplaza a lo largo de la lluvia con estilo furioso. ¡Cómo compadezco a las ovejas y el Ganado, y aún más a los pobres peones que están expuestos a los elementos al encargarse de ellas! El viento, sin exageración, parece suficientemente fuerte como para volar a un hombre de su caballo …” (Viajero y granjero ovejero inglés)

- JOHNSON, H. C. Ross 1868

“… Embarqué a bordo del vapor Arno, Correo Real, en el cual, luego de soportar el más tremendo pampero fuera de Monte Video,  arribamos a Río más confortable y seguramente …” (Miembro de la Royal Society of Geography)

- MURRAY, John Hale 1868

“… Antes de dejar Río, oímos relatos desastrosos de cólera en los territorios del sur, que cincuenta personas por día morían en Monte Video. Cambiando a un pequeño navío, el vapor Arno, de 800 toneldas de carga, a consecuencia de que los grandes vapores oceánicos estaban sacando mucha agua del Río de la Plata, resumimos nuestro pasaje sin encontrar ningún incidente particular, excepto un pampero y la renovación de los mareos por cambiar a un pequeño buque, y finalmente, arribamos a Monte Video …” (Reverendo inglés)

- MC MURROUGH MURPHY, Marion 1868

“… El viento norte es presenciado con un sentimiento de lasitud y estimula un alto grado de electricidad. El 'Pampero'  o viento sudoeste es por lejos en más saludable, su elasticidad y vigos lo hacen deseable en todas las estaciones …” (Escitora irlandesa)

- BURTON, Richard Francis 1869

“… Si entra la brisa y el mar está adormecido, debe buscarse el Pampero o viento de la pradera, un Harmattan [viento de África Occidental], un Khamsin [viento de África del Norte y Arabia], cuyos solos nombres ponen la carne en escalofríos, y que zumba, dicen, a través de sus huesos. Permítanme unas palabras sobre este meteoro, el único agente saludable de las ciudades platenses, el mantenedor de la circulación atmosférica y, de acuerdo a M. Bravard, el gran constructor de las Pampas. El Pampero, que recorre desde el sudoeste al sudsudoeste, se siente más en los países contra los que sopla que en las regiones donde surge. Los hay de dos clases – limpio y sucio. El "Limpio" (en español en el original), luego de una lluvia amenazante, deja el cielo brillante y claro. […] Los marineros se lamentan de que el Plata sea para ellos, luego del calor relajante de Río, el lugar más amargo que conocen. Pero es un verdadero alivio en el verano ardiente; significa un corte de frescor vigorizante; frío y consecuentemente seco, hace habitable incluso a la Buenos Aires de los aires fétidos. El Pampero Sucio (en español en el original) surge de una línea horizontal de nubes de arena, como el arco del tornado del oeste africano aplanado abajo; y mientras que la Cortina se arrastra hasta el cenit, el viento tormentoso, con una carrera y un rugido se precipita sobre el mundo de las aguas. Trae truenos siguiendo de cerca a los relámpagos, que es peculiarmente trémulo y persistente; […]: tales relámpagos son peligrosos en las Pampas, así como en las praderas de Norteamérica. Azara calcula que esos rayos caen en Paraguay diez veces más a menudo que en España. No hablo del polvo estando en el mar; la lluvia comienza “escupiendo peniques” y termina vaciando baldes; el vendaval duerme de noche y ruge a veces por dos y aún port res días, miserablemente incómodo hasta que se agota …” 

“… Los grandes barcos de guerra están en las afueras a dos o tres millas de distancia; quieren navegar y estar prontos en caso de un repentino y dañino Pampero …”

“… El Plata crecido por los vientos del este y el sureste, alcanza, aún cuando no hay inundación, una altura de cuatro a ocho pies: los vendavales del oeste y del norte lo deprimen impulsando la corriente. Cuando el Pampero, ese Euroclidón del hemisferio austral [viento ciclónico del Mediterráneo], cesa su curso sobre las Pampas, el flujo acumulado corre como por un canal, especialmente alrededor del Punto San José. Y por todas partes en el Bajo Plata, el tiempo, como el agua, depende no de las estaciones, sino de la fuerza y la dirección del viento …” (Miltar, explorador, aventurero, orientalista, políglota y escritor inglés)

- D’URSEL, Charles 1874

“… Apenas involucrados en esta última zona, vimos llegar un huracán que se dibujaba en el cielo por un gran arco azul oscuro primero, luego todo negro. Es el pampero, viento de tierra extremadamente violento que los marinos temen particularmente. El viento de la Cordillera atraviesa la Pampa, esa inmensa región de llanuras que se extiende desde los Andes hasta el Atlántico y, siguiendo el curso del río, llega en tempestad a su desembocadura …” (Político y aristócrata belga)

- ROBIANO, Eugene de 1875

"... ¿Y bien, lo creerían? Este Puerto (Montevideo) tan extensor y bullicioso es uno de los más malos y de los más justamente temidos del Océano.

De una profundidad a menudo dudosa y abierto a ese viento terrible que, bajo el nombre de pampeiro (así en el original), se abate regularmente sobre las costas con una vitalidad vertiginosa, y es en ocasiones el teatro de los más crueles siniestros, y los navíos de gran tonelaje, que están de escala en Montevideo, atracan a una buena distancia de la ciudad y del puerto.

Yo mismo, llegué por una de esas rudas tempestades, que nos retuvieron largo tiempo prisioneros a bordo y cuando la tromba loca pasa y se la ve bien de lejos, nuestra pobre Ariadna tuvo mucho que hacer para mantenerse sobre sus anclas y tener la nariz al viento …”  (Diplomático y aristócrata belga)

- RUMBOLD, Horace 1880

“… El salvaje pampero había finalmente agotado su furia, dejando detrás de sí una historia de ruina y daño interior casi sin paralelo en los registros de las tempestades aún en las regiones barridas por las tormentas. Los diarios se llenaron de estragos, y una lastimosa historia contaba de la hecatombe de pobres criaturas tontas inmoladas en su destructivo curso …”

“… En los días nada infrecuentes del pampero húmedo, pampero sucio, como lo llaman, o en los días aún más malos cuando sopla desde el norte y llueve torrencialmente por horas conjuntamente …” “… No hay más abominable rada que la de Monte Video durante un pampero …” (Ministro, diplomático y aristócrata inglés)

- GALLENGA, Carlo Antonio Napoleone 1880

“… Finalmente, aunque el clima es uno de los de los más saludables, brillantes y amables en todo el mundo y la llanura abierta está libre de terremotos a los cuales están expuestos Chile, Perú y toda la región volcánica de los Andes, el Plata es frecuentemente visitado por terríficas tormentas, por  pamperos, tornados y otras explosiones irresistibles, los que no solo barren con árboles frutales y de bosques, rebaños de ganado, y habitaciones humanas, sino, como Mr. Edwin Clark describe, arrastra ante sí las ligeras semillas de las hierba Flechilla, "una a terrible planta que es azote del país”, invadiendo los campos y llenando los huecos …” (Periodista, escritor y político italiano)

- BALL, John 1882

“… Grandes bancos, alcanzando muy cercanamente la superficie de las aguas bajas, ocupan extensas porciones del gran estuario, y el canal navegable es tan poco profundo que los barcos grandes son forzados a anclar a doce o catorce millas frente a Buenos Ayres y aún en Monte Video no se puede aproximar más cerca de dos millas desde el lugar de desembarco …”  (Naturalista, político y alpinista irlandés) 

- MICHEL, Ernest 1883

“…puedo desafiar al viento que sopla como el Pampero, y trae una lluvia torrencial, que dura una mañana …” (Viajero y abogado sardo – francés)

- HUDSON, William Henry 1885

“… Todos los diferentes tipos (de grandes libélulas) cuando viajan asociados juntos, y ocasionalmente, en un vuelo compuestos de incontables miles, uno de esos individuos de tonos brillantes atraerán la vista, apareciendo como llamativo entre los otros, como una amapola o geranio escarlata creciendo sola en un cantero de lo contrario sin flores. Las especies más communes  - y en algunos casos el vuelo entero parece estar compuesto solo de este tipo – es la Aeschna bonariensis Raml, cuyo color predominante es el azul claro. Pero la cosa realmente maravillosa común a todas ellas es  que aparecen solo cuando están volando antes del viendo sudoeste, llamado pampero — el viento que sopla desde el interior de las Pampas. El pampero  es un viento seco y frío, extremadamente violento. Estalla muy repentinamente en las llanuras y habitualmente dura un corto tiempo, a veces no más de diez minutos; viene irregularmente y en todas las estaciones del año, pero es más frecuente en la temporada cálida, y después de un tiempo excepcionalmente bochornoso. Es en verano y otoño que las grandes mariposas aparecen; no con el viento, sino – y esto es la parte más curiosa del asunto – antes de él …”

“… En la expresion vernacular de los gauchos, la mariposa grande es llamada hijo del pampero (en español en el original) — hijo del viento sudoeste …” (Naturalista y escritor anglo argentino)

- RESASCO, Ferdinando 1890

“… Para dar asunto de conversación y de entretenimiento, llegó el pampero que jugaba con nuestro piróscafo, hasta el punto de dar quince y raya á la agitación de Valencia. Con aquellas violentas alternativas en los movimientos de oscilación y de cabeceo, muchos que hasta entonces se habían conservado incólumes, se abandonaron á las más atroces consecuencias del mareo …”

“… En el puente me encontraba yo observando á los emigrantes, cuando el buque era más violentamente combatido por el pampero. ¡Qué escena! Veíase á las madres, en cuyo rededor se agrupaban los pequeñuelos, amedrentados y llorosos, á quienes aquellas horribles sacudidas habían derribado bruscamente al suelo; veía yo aquella masa de seres vivos, amontonados estrechamente, y condenados á la pena de aquel cruel columpio; derribados, ora al un lado, ora al otro, como un campo de espigas sometidas á la fuerza de los huracanes. Los grandes van á caer sobre los pequeños; los robustos aplastan á los débiles, en tanto que se forman con los codos un puntal contra la masa humana que está detrás de ellos. Las mujeres levantaban en alto á sus hijos, para librarlos, en cuanto era posible, de aquella furia, de la cual ellas mismas formaban parte; aquellos pobrecillos lanzan gritos agudos al sentirse apretar hasta el punto de perder la respiración. Algún atribulado, compadecido de quien padece más que él, procura establecer una especie de cordón de resistencia allí donde hay una desdichada criatura acometida de la enfermedad que no se conoce en tierra. A cada instante un golpe de mar, que inunda de agua el buque, interrumpe un momento aquellos gritos, aquellos gemidos, aquellas maldiciones, que vuelven á comenzar con mayor fuerza, por parte de una muchedumbre empapada en agua, hecha una lástima y que en aquellos momentos invoca fervorosamente á la tierra. Y el pampero, cuando es el verdadero y propio pampero que yo me sé, tiene de peculiar que siendo para la nave una alternativa extraña de movimientos rápidos de balanceo y de columpio, todos aquellos que en el resto de la travesía han aprendido á desafiar, con un suficiente equilibrio, á las sacudidas ordinarias del mar, echan de ver entonces que su arte no les sirve, y que es necesario rendirse á discreción en aquel inmenso destrozo. Y cuando una oleada furiosa llega á levantar de un modo enorme la parte de proa, se ve cómo aquella multitud de seres aterrados se encoge, se aproximan unos á otros, contienen penosamente la respiración, esperando con espanto la oscilación en sentido contrario …” (Escritor y periodista italiano)

- VELASCO DEL REAL, Octavio 1892

“… por más que el Río de la Plata sea un rio perfectamente seguro , como quieren decir muchos, la verdad es que la tal seguridad no reza cuando sopla el pampero. Y que sopla, no tiene duda. Por una parte, pues, falta abrigo contra el pampero, y, por otra, la profundidad de la bahía de Montevideo no pasa de 5 metros donde más.  Dícese que el fondo ha subido 5 pies en los últimos 70 años . La cosa se arregla , sin embargo , de una manera bastante cómoda , y es que cuando sopla el pampero, cesa el tráfico, por ser imposible toda comunicación entre la costa y los buques anclados en el paso del Cerro , que es uno de los más peligrosos lugares del mundo …” (Viajero, cronista de viajes, escritor y catedrático español)

- VILLAAMIL, Fernando 1894

“… nos acercábamos al país de las pampas, famosas por las tempestades que, tomando el nombre del lugar de origen, distínguense por pamperos. No era la estación propia de esta fruta atmosférica; pero en cualquier período del año puede el amante de emociones fuertes tropezar con algún derivado, ya que no con un legítimo pampero …” (Marino español oficial de la Armada Española) 

- HAMMERTON, John Alexander 1899

“… Voy a afirmar rotundamente que ningún viento que sopla en Inglaterra tiene un diente tan afilado como el pampero. Uno debe estar en Buenos Ayres cuando el viento de las ilimitadas pampas ataca la ciudad, para saber cuánto frío puede rastrillar hasta la médula. Sobre los miles de leguas de llanuras sobre las que sopla, directamente desde los nevados Andes, y agitando los pegajoso efluvios del Río de la Plata respira reumatismo, bronquitis, consunción sobre la ciudad – el odioso pampero! …” (Periodista y escritor escocés)

 

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