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Los gráficos - La línea de tiempo de los viajeros


El universo de viajeros que hemos considerado, circunscritos a los siglos XVIII y XIX , está compuesto por aquellos que dejaron registro escrito de sus viajes, que pasaron aunque sea momentáneamente por la Banda Oriental o el Uruguay y consignaron ese pasaje con mayor o menor detalle, aunque luego hayan hecho recorridos más extensos, ya sean regionales, continentales o mundiales. Consultamos varios listados de tales viajeros, tomamos en cuenta todos los casos posibles. Hasta el momento, sigue siendo el inventario más completo el que Horacio Arredondo incluye en el tomo II de su “Civilización del Uruguay”, editado por el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay  en 1951. De esos repositorios pudimos contar con una cuarentena de textos relativos a visitantes en el siglo XVIII y poco más de un centenar para el siglo XIX. Dentro de esta muestra, suficientemente representativa, de quienes dejaron su visión sobre estos territorios, se cuentan muchos que revistieron diversas condiciones simultáneamente, lo cual permite considerar todas esas condiciones y visualizar las tendencias de predominio, ascenso o descenso de unas y otras a lo largo de los dos siglos.  


En este gráfico puede verse el sensible aumento desde las últimas décadas del siglo XVIII y la densificación a lo largo del siglo XIX.  Puede apreciarse las tendencias a la baja de los misioneros y otros religiosos, habiendo predominado abiertamente en la primera mitad del siglo XVIII. Los otros picos de la gráfica los componen los militares, exploradores y afines que tuvieron fuerte presencia durante las últimas décadas del siglo XVIII y, aunque decreció su cuantía, registran varios puntos de alta presencia durante el siglo XIX, destacándose el paralelismo con momentos de intensa belicidad durante las Invasiones Inglesas, la Guerra Grande y la Guerra del Paraguay. Los científicos (categoría que reúne muy diversas disciplinas, desde los naturalistas, botánicos, zoólogos, paleontólogos, químicos, médicos, etc., hasta minerólogos, geólogos, geomineros, geógrafos, cartógrafos, etc) cuya presencia se intensifica en las últimas décadas del siglo XVIII, verifica su consolidación en la era de oro de los viajes científicos a comienzos del siglo XIX, sumado a otros picos sobre los años ’60 y los años ’80. Otro rubro que verifica notable ascenso y persistencia durante todo el siglo XIX es el de los intelectuales, categoría en la que incluimos a los escritores, los periodistas, historiadores, artistas y académicos. Otra de las categorías que se afianzaron desde fines del siglo XVIII, es la de los funcionarios, especialmente los coloniales, así como los diplomáticos, en particular desde las independencias de los nuevos Estados Sudamericanos.  Con menor cuantía, tuvieron creciente presencia entre los años ‘10 y ‘60 del siglo XIX los empresarios, comerciantes, inversores y otros que hacían prospecciones económicas a nombre de firmas comerciales, industriales o empresariales (especialmente las dedicadas a la inmigración) europeas y de sus representantes vernáculos.

 

Los primeros 50 años del siglo XVIII muestran el predominio absoluto de los sacerdotes misioneros y algún otro que llegaba en tránsito hacia otras regiones a desempeñarse en  Universidades. Los otros  que aparecen pertenecen al ámbito de la ciencia o de las armas.    

Destaca aquí el momento de desarrollo de la Utopía cristiana misionera, la evangelización como instrumento de la civilización, la formación de comunidades indígenas con dirección espiritual y la búsqueda del ciudadano de esa utopía, el Buen Salvaje.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII puede apreciarse el descenso marcado de los religiosos y misioneros (acentuado por la expulsión de los jesuitas de América en 1767) y, al mismo tiempo, el aumento de militares (muchos de ellos marinos) en el contexto de las últimas etapas del conflicto entre España y Portugal por cuestiones de límites, lo cual implicaba llevar adelante el cumplimiento de las tareas de demarcación, que involucraban la participación de oficiales, ingenieros militares, geógrafos, cartógrafos y marinos. En dos oportunidades durante ese medio siglo se enviaron partidas demarcadoras, primero luego del Tratado de Madrid de 1750 (Tratado de Permuta, que motivó el levantamiento de pueblos misioneros en la llamada Guerra Guaranítica), y luego, la “definitiva”, tras el Tratado de San Ildefonso de 1777, que dio lugar a una operación de demarcación sin precedentes, que demoró dos décadas en obtener magros resultados. Pero otra modalidad, propia del siglo XVIII, se sumó a esta participación de militares, esta vez aunados a los científicos y los funcionarios coloniales, la de los Viajes Científicos y Políticos, alrededor del globo o relevando las diferentes posesiones coloniales para evaluar sus beneficios o perjuicios y revelar “el verdadero semblante de América”.    

Se percibe el cambio de ideas acerca de a dónde se encamina la búsqueda de la felicidad. Las ideas fisiocráticas, con el dominio de la Naturaleza sobre la economía, Las ideas de naturaleza benigna y producción abundante abonan la utopía en la que la riqueza natural, sometida a la razón sería capaz de hacer feliz no solo al Nuevo Mundo sino también al otro hemisferio.


Para la primera mitad del siglo XIX, las presencias más nutridas continúan siendo de militares, en particular en la primera década en consonancia con la afluencia de tropas invasoras. No pocos oficiales ingleses dejaron diarios, informes o memorias que expresan sus visiones sobre la realidad y el escenario geopolítico  rioplatense, en la lucha de los imperios (Español, Portugués, Inglés y Francés). Las Invasiones Inglesas y la crisis dinástica española tras la invasión Napoleónica a la Península Ibérica aunadas al despunte del clima revolucionario desde 1810, explican por demás la presencia de oficiales de las distintas potencias en juego. La presencia de militares vuelve a acrecentarse hacia el medio siglo, especialmente en la década de los ’40, en medio del conflicto regional de la Guerra Grande, donde se volverán a ver fuerzas inglesas o francesas, e incluso de residentes italianos, que dejaron variados testimonios de su pasaje y de sus experiencias. Paralelamente, la aparición de nuevos Estados, derivados de la descomposición de los Imperios en América, motivó la presencia de numerosos emisarios, representantes, funcionarios y diplomáticos de las naciones europeas. Durante los años ’10 y ’20 se advierte una nutrida presencia de científicos en viajes de largo alcance y con objetivos de prospección, exploración y confirmación de conocimientos geológicos, zoológicos, botánicos, geográficos, astronómicos, etc. En décadas posteriores se mantendría esta modalidad. Del mismo modo, la nueva realidad americana también atrajo la atención de escritores, periodistas y corresponsales que trataron de dar cuenta de este nuevo Nuevo Mundo.

El liberalismo y la idea de progreso alimentan las utopías de esta etapa, en la que los Imperios se rediseñan, los Estados se transforman, también los sistemas políticos y América aparece como destino para inversores, inmigrantes en busca de oportunidades, empresarios, sectores sociales postergados, innovadores y aventureros.


En la segunda mitad del siglo la presencia de militares (con mayor intensidad en el entorno de la Guerra del Paraguay) y científicos presenta niveles casi idénticos, más moderados que en los períodos anteriores, en tanto la presencia más destacada en el período es la de escritores, periodistas y cronistas de viajes que develan los perfiles de los distintos países, relatan la realidad de los inmigrantes europeos de diferentes nacionalidades y evalúan las condiciones de vida que promete América a los emigrantes europeos y aún, incipientemente,  aparecen  esbozos de promoción turística. También se mantiene vigorosa la presencia de funcionarios y diplomáticos, e incluso los propios consulados emiten informes con detalle de las condiciones de los distintos países. A la visión de los habituales observadores europeos, se sumará crecientemente la visión de diplomáticos estadounidenses. A lo largo de todo el siglo XIX la presencia de comerciantes, empresarios, representantes de empresas en actividades de prospección comercial o de inversiones, así como gestores de operaciones de inmigración, se mantiene bastante constante aunque no en niveles demasiado elevados.  

Las utopías de la tierra de libertad, de estados pequeños liberales, así como gobiernos de inspiración napoleónica, se entremezclan en los viajeros de esta segunda mitad del siglo XIX.

La pregunta es: ¿cuántas de esas visiones utópicas alimentaron - y alimentan - la visión que de nosotros mismos mantenemos al presente?

 

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